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Cómo recibir el bautismo en el Espíritu Santo

Si queremos saber cómo se recibe el bautismo en el Espíritu, es necesario que investiguemos cómo lo recibían los primeros cristianos. Una mirada a la era apostólica Después de ver aJesucristo ascender al cielo desde el monte de los Olivos, los discípulos, en obediencia a su mandato, se reunieron para orar fervientemente en unanimidad (vea Hechos 1:14). Hoy en día, como en el pasado, los que quieran recibir la promesa del bautismo en el Espíritu necesitan tener ferviente expectación, y un gran deseo de recibido. Casi sin excepción, la bendición ha descendido cuando los que la buscaban se decidieron a recibirla de verdad, sin tener en cuenta las circunstancias ni la dignidad propia, en medio de lágrimas de ansiosa expectación. Si los que quieren recibir el bautismo en el Espíritu están en dudas con respecto a sus propios deseos; si oran con una actitud tibia para que Dios se lo conceda "si quiere", no podrán recibirlo, por mucho que oren. La bendición del bautismo en el Espíritu siempre llega a quien está decidido a no abandonar su búsqueda antes de obtener una respuesta a su urgente necesidad. En Hechos 8, los creyentes de Samaria recibieron el bautismo en el Espíritu cuando Pedro y Juan les impusieron las manos. Igual le sucedió a Saulo (Pablo), quien lo recibió cuando Ananías le impuso manos (vea Hechos 9:10-18). Los doce creyentes de Éfeso también recibieron el bautismo en el Espíritu cuando Pablo les impuso manos (vea Hechos 19:1-7). Hoy en día también sucede con frecuencia que las personas reciben el bautismo en el Espíritu Santo cuando se les imponen manos y se ora con ellas. Por supuesto, nadie podrá recibirlo si no tiene deseos, aunque se le impongan manos; tampoco cuando no tenga el corazón preparado o no tenga una fe ferviente que lo impulse a recibirlo. Por otra parte, si hay siervos de Dios llenos del Espíritu que le imponen manos, podrá recibir el bautismo en el Espíritu cuando tenga un fuerte anhelo de recibirlo, aunque su oración sea débil.

Por último, Hechos 10:44-48 relata el derramamiento del Espíritu sobre los gentiles de la casa de Cornelio. El versículo 44 dice: "Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso." Estas personas fueron todas bautizadas en el Espíritu mientras escuchaban la predicación de Pedro. Lo he visto suceder. Mientras predicaba un sermón sobre el Espíritu Santo, lo he visto derramarse como lluvia sobre los corazones que estaban preparados. Hablaban en lenguas, glorificando a Dios en un lenguaje celestial, como los creyentes de la casa de Cornelio. Hoy en día no se predica fielmente la verdadera Palabra de Dios desde muchos púlpitos. ¿Cómo puede la gente escuchar la Palabra, si no se la predica? Hay gente que, aunque ha adorado en las iglesias, no ha experimentado un mover profundo de la maravillosa gracia de Dios en su Espíritu Santo. Cuando un siervo de Dios bautizado en su Espíritu predica la Palabra ungida, entre sus oyentes se experimentará un fuerte mover del Espíritu Santo. C6mo recibir el bautismo ro el Espíritu Santo 111 La preparación del corazón ¿Cómo preparamos el corazón para recibir el bautismo en el Espíritu Santo? En primerlugar, los que quieran recibirlo no sólo deberán tener este anhelo, sino también conocimiento y comprensión de las fieles promesas de Dios; él nos sigue dando la misma plenitud del Espíritu Santo que derramaba en la era apostólica. Las Escrituras llegan a esta conclusión: "Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos" (Santiago 1:6-8). Si usted está buscando recibir el bautismo en el Espíritu con una actitud de duda, sin una confianza plena en las promesas de Dios, está malgastando tiempo y esfuerzo. La Biblia nos enseña: "Así que la fe es por el oír, yel oír, por la Palabra de Dios" (Romanos 10:17). Debemos comenzar por hacer un estudio del libro de Hechos con el corazón bien abierto, escuchando los testimonios de los que han recibido el bautismo en el Espíritu. Es necesario que nos quitemos del corazón todos los prejuicios humanos. Una vez convencidos de que la bendición del bautismo en el Espíritu es para nosotros hoy, necesitamos arrepentirnos ante Dios de todos los pecados no confesados y confiar en que la sangre preciosa de Cristo nos purificará completamente. Debemos limpiar de todo pecado nuestra vida antes de orar para pedir la experiencia del bautismo en el Espíritu. Pedro dice en Hechos 2:38: "Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre deJesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo." ¿Significa este mandato de arrepentirnos y bautizarnos todos en el nombre de Jesucristo para el perdón de los pecados, que a menos que estemos bautizados en agua no recibiremos el perdón de los pecados ni el bautismo en el Espíritu? Parece que no, puesto que, cuando Pedro predicó el evangelio  en la casa de Comelio, los gentiles fueron llenos del Espíritu Santo aun antes de pasar por el proceso del bautismo en agua. Es por demás decir que Dios no les puede conceder el bautismo en el Espíritu Santo a quienes no hayan recibido la remisión de sus pecados ni su salvación. Cuando nos arrepentimos y creemos en el evangelio, recibimos el perdón de nuestros pecados y la salvación. También debemos tratar de recibir el bautismo en agua cuanto antes, como señal externa de nuestra salvación. Sin embargo, llegar a la conclusión de que, a menos que estemos bautizados en agua, no podremos recibir el perdón de los pecados ni el bautismo en el Espíritu Santo, va en contra de las enseñanzas de la Biblia. He visto a centenares de miles de personas arrepentirse y creer en el SeñorJesucristo como Salvador suyo, y después recibir el bautismo en el Espíritu Santo antes de ser bautizadas en agua.

En Hechos 10:48, el apóstol Pedro da indicaciones con respecto a los gentiles que han recibido no sólo el perdón de sus pecados, sino también el bautismo en el Espíritu: "Y mandó bautizarles en el nombre del SeñorJesús." En los días de los apóstoles, era un fenómeno frecuente que los creyentes recibieran el bautismo en el Espíritu Santo tan pronto como recibían la salvación. En cambio, hoy hay un gran número de creyentes que podrían decir: "Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo" (Hechos 19:2). ¡Qué comentario tan triste! De manera que, aunque el bautismo en agua no es un requisito previo para el bautismo en el Espíritu, el arrepentimiento sí lo es, porque el Espíritu Santo no puede tomar posesión completa de un vaso donde se esconda el pecado. Al orar para recibir el bautismo en el Espíritu, suele haber dos clases de pecados de los que tenemos que arrepentirnos: ¿Hemos desobedecido a sabiendas la voluntad de Dios? ¿Hemos descuidado el deber de los creyentes de creer la Palabra de Dios en cuanto a la plenitud del Espíritu? El primero de estos pecados es el de desobediencia. Antes de creer en el SeñorJesús éramos rebeldes contra Dios y cometíamos muchas clases de pecados. Cuando nos arrepentimos y lo aceptamos como Salvador, recibimos la remisión de esos pecados.  Para podernos quebrantar ante el Señor y para que él nos purifique, debemos arrepentirnos de todas las transgresiones que recordemos.  Al mismo tiempo, confesé profundamente una vez más los pecados que había cometido desde la niñez. De pronto, mi espíritu se quebrantó; el Espíritu Santo de Dios se movió sobre mí y dentro de mí, llenándome. Comencé a hablar en otras lenguas, según el Espíritu me daba que hablase. El segundo pecado del que debemos arrepentirnos es el endurecimiento. Santiago 4: 17 dice: "Al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado." Aunque seamos salvos y vivamos como cristianos, si hemos sido perezosos, debemos arrepentirnos de ese pecado de pereza. Debemos arrepentirnos de no haber tenido a Dios en el centro de nuestra vida. Si no hemos buscado en primer lugar el reino y su justicia, no hemos agradado a Dios. Cuando nos arrepintamos de nuestros pecados, el poder de éstos quedará quebrantado. Al orar pidiendo el bautismo en el Espíritu, tendremos una relación correcta con Dios; un corazón obediente, dispuesto a hacer su voluntad. Tanto como podamos, necesitaremos reparar relaciones y restituirles a otras personas lo que les debamos. Necesitamos pedirles perdón y hacerles devolución de lo que les pertenece. A diferencia del arrepentimiento sólo de palabra, el arrepentimiento y la confesión que salen del centro del corazón van seguidos por el fruto de la acción. Cuando tengamos el corazón preparado de esta manera, al Espíritu Santo de Dios le será mucho más fácil descender sobre nosotros. Con frecuencia, los que sienten el deseo de recibir el bautismo en el Espíritu después de escuchar el conmovedor testimonio de otra persona, deciden que quieren recibirlo de la misma forma. Sin embargo, el Espíritu Santo no tiene por qué hacer las cosas de acuerdo con la forma en que se las pedimos. Algunas veces llega en medio de la tranquilidad, como una suave lluvia. Otras, tumultuosamente, como el trueno. Aunque el Espíritu Santo se haga conocer de maneras distintas, sigue siendo el mismo; la tercera persona de la trinidad. Una nota de advertencia Después de confesar nuestros pecados, ¿cómo debemos orar para recibir el bautismo en el Espíritu? Permítame hacerle unas cuantas observaciones o advertencias al respecto. En primer lugar, no debemos pedirlo con una intención equivocada.

En lenguaje llano, no debemos clamar a Dios para poder alardear, o deleitarnos en la atención especial que puede acompañar a la posesión de un gran poder. Las personas que lo han pedido con intención errada, en ocasiones han recibido un espíritu distinto, como puede ser el de codicia, y no al Espíritu Santo. En cambio, cuando la intención de nuestro corazón es pura; cuando lo que queremos es ser vasos más poderosos y eficaces para que Dios nos pueda usar, cuando queremos convertirnos de todas las maneras posibles en instrumentos mejores de Dios y dar testimonio de un espíritu semejante al de Cristo, los espíritus malignos no se nos podrán acercar siquiera. jesús habló de esta seguridad en Lucas 11:11-13: ¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿o si pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan? Por consiguiente, cuando oremos para pedir el bautismo en el Espíritu, a fin de que se pueda cumplir mejor la voluntad de Dios sobre nuestra vida, y no satisfacer nuestros apetitos o nuestra codicia, podemos esperar que recibiremos lo que hemos pedido.

Esta segunda advertencia no se aplica a las personas que tienen predisposición a un carácter alegre, sino al tipo de persona que es pesimista e inclinada a mantenerse oscuramente solitaria en su corazón. Puesto que este tipo de persona ha estado oprimida por tanto tiempo sin saberlo por un espíritu negativo, si trata de orar apresuradamente, pidiendo el bautismo en el Espíritu, sin limpiarse completamente primero de ese espíritu negativo, puede caer en agonía y llegar a ser dominado por otro espíritu de morbidez. En cambio, si este tipo de persona se ha preparado lentamente hasta que su mundo interno, a través de la recepción de la Palabra de Dios y del perdón en su corazón, se ha vuelto resplandeciente, gozoso y positivo, recibirá un maravilloso bautismo en el Espíritu. Cuando este tipo de persona llega a tener una actitud mental gozosa y positiva, ya ha vencido al diablo y se ha librado de él.

Puede orar sin ansiedad ninguna para pedir el bautismo en el Espíritu Santo. En tercer lugar, es frecuente que una larga enfermedad continua que desgaste el cuerpo vaya seguida por una opresión demoníaca. Los que están débiles de mente y de cuerpo, que han sufrido una enfermedad por largo tiempo, deberían purificarse de nuevo con la preciosa sangre dejesús. Si tienen inclinación a dejarse oprimir por el diablo, podría suceder que los siguiera oprimiendo aunque oren para recibir el bautismo en el Espíritu.

Hechos 10:38 nos enseña que durante su ministerio,jesús sanó todas las enfermedades y dolencias causadas por la opresión del diablo: "Cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él." Casi siempre que he orado por alguien débil de mente o de cuerpo para que reciba el bautismo en el Espíritu Santo, el diablo ha tratado de impedínnelo. Sabedores de esto, los que han sufrido esta opresión deben orar para recibir el bautismo en el Espíritu, reclamando para sí de una manera especial la sangre preciosa de Jesús. En cuarto lugar, las personas que sirvieron al diablo mucho antes de aceptar al Señor, deben poner un cuidado especial. Antes de orar para recibir el bautismo en el Espíritu, deben enterrar todas las relaciones que tuvieron en el pasado con el diablo, arrepentirse plenamente de sus pecados y llegar a la victoria que todos los creyentes podemos tener sobre el diablo.

Entonces, cuando oren para pedir el bautismo en el Espíritu, podrán pedir la paz y el gozo de Cristo sin temor alguno, ni sensación alguna de opresión demoníaca. Sin embargo, en algunas ocasiones, estas personas podrían ser vulnerables aún a nivel subconsciente, si abren el corazón. En quinto lugar, los que oran fervorosamente para recibir el bautismo en el Espíritu Santo no deben permitir que sea cualquiera quien les imponga manos en oración. Deben estar tan seguros como les sea posible, de que la persona que les va a imponer manos es una persona llena del Espíritu de verdad. No la deben buscar por su fama o espectacularidad en el ministerio, sino por su cercanía al Señor. En sexto lugar, tenga cuidado con irsolo a una montaña o cueva para orar. De vez en cuando hay quienes han oído hablar de otros que han recibido mucha gracia en una montaña de oración y desean visitar ese lugar también. Entonces, puesto que su fe no era tan valiente, se han sentido asustados, e incluso oprimidos por espíritus malignos que se han aprovechado de ese momento de temor. A lo largo de todo mi ministerio, al predicar acerca del Espíritu Santo, he visto incontables ejemplos de lo que he descrito en esta sección. Debido a estas experiencias, he ido recibiendo amplios conocimientos acerca de las formas de liberar a la gente de la esclavitud del diablo. 

 

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